mié

08

jun

2011

JONAS

EL LIBRO DE JONÁS SE DESCRIBE COMO PARÁBOLA, ALEGORÍA Y SÁTIRA. La famosa historia del «gran pez» (que por error se pensaba que era una ballena) ha llevado a muchos a descartar el libro como meramente la historia bíblica de un «pez». Es un error (basado en parte en la dificultad que tienen algunos lectores para aceptar el carácter milagroso de la historia) asumir que los sucesos y hechos del libro no son históricos en naturaleza. Aunque el relato es poco común, la historia se presenta como normal. Además, Jesús usó la historia de Jonás como una analogía de su inminente muerte y resurrección (Mt 12.39-41). La analogía de Jesús depende de la aceptación de dos realidades históricas: (1) la experiencia histórica de Jonás en el vientre del gran pez, y (2) la experiencia histórica del arrepentimiento del pueblo de Nínive basado en la predicación de Jonás (Lc 11.29-32). En efecto, la frase «la señal del profeta Jonás» debe haber sido una frase reiterativa en la enseñanza de Jesús, porque se encuentra en más de una ocasión en la narración de Mateo sobre el ministerio de Cristo (Mt 16.4). Por lo tanto, cualquier perspectiva del libro de Jonás que no acepte lo que describen los eventos históricos está obligado a explicar las claras palabras de Jesús.
Por el tiempo del ministerio de Jonás, Asiria estaba preocupada con las tribus montañesas de Urartu y no continuó sus campañas hacia el oeste hasta que Tiglat-Pileser III comenzó a gobernar en el año 745 a.C. Israel se regocijó con esta preocupación de Asiria y, agresivamente, persiguió un sistema de defensa para consolidar sus ciudades fortificadas, aumentar su ejército y desarrollar relaciones internacionales.
El libro de Jonás desafía al pueblo de Dios a no exaltarse sobre otros. Jehová, el gran Rey, es libre para bendecir, para ser benevolente y para ser paciente con todas las naciones de la tierra. Más que eso, Él puede mostrar compasión incluso con los malvados. En verdad, aun su misericordia se extiende hacia los animales (4.11).
La visión que tenía Jonás de Dios era demasiado restrictiva. Él creía que Dios era el creador de todas las cosas, pero que solamente tenía compasión hacia los escogidos de Israel. Jonás creyó que, puesto que Dios había escogido a Israel de entre las naciones malvadas, Él debía mostrar misericordia a Israel, aun si el pueblo era rebelde. Jonás había fallado al no apreciar que Jehová puede ser paciente con otras naciones al igual que lo era con Israel.
El libro de Jonás afirma la libertad, soberanía y poder de Dios. Dios es soberano porque Él es el Creador de todas las cosas (1.9). Su poder se extiende sobre toda la creación (la tempestad, el pez, la enredadera, el gusano). Dios es libre y no puede estar atado por conceptos humanos erróneos.
Los que se creen justos y buenos en su propia opinión cometen el grave error de regocijarse solamente en su propia salvación (2.9) y en las respuestas de Dios a la oración (4.6). Ellos fallan al limitar la gracia y misericordia de Dios a ellos mismos. Como Jonás, ellos no pueden tener parte en los deleites de Dios en salvar a los marineros y la ciudad de Nínive, incluyendo niños y aun animales (4.11). Ellos confiesan que Dios es el Creador y Rey de todo el cosmos, pero restringen su envolvimiento a juicio, justicia y retribución. De esta manera, ellos no ven las obras de compasión, rectitud y paciencia de Dios. La proclamación final de Jehová para Jonás (4.10, 11) resume el mensaje profético del libro: Dios es libre para conceder su misericordia a quien quiera y en dondequiera que Él desee. Su preocupación y misericordia se extienden a toda su creación.
La historia de Jonás contiene una fuerte advertencia para todas las personas piadosas. Los elegidos pueden perder la bendición de ver la gracia de Dios extenderse más allá de sus propias esferas debido a que le imponen límites a Dios. Mientras Jonás oraba ansiosamente por su salvación personal, los marineros ya habían estado experimentando el amor de Dios por tres días. Del mismo modo, el pueblo de Nínive que se arrepintió de sus pecados se regocijó en que el inminente juicio no había llegado. Jonás, sin embargo, fue miserable. Al reírnos de él, puede ser que necesitemos retroceder. El tonto pecado de Jonás finalmente no es motivo para reír. Estamos condenados junto con él si participamos en su insensatez provincial.
Como ya notamos, la forma literaria del libro de Jonás difiere de otros libros proféticos.
No tiene profecías. En cambio, el libro es ampliamente narrativo. El capítulo 2 es una canción de liberación, una oración hermosa, vibrante y lírica como muchas en el libro de Salmos.
Es mejor entender el libro como una parábola profética. Los eventos en el libro son históricos, pero su lugar entre los profetas nos lleva a interpretarlo como un escrito profético. Como libro profético, es único porque el mensaje del libro se centra en la interacción negativas entre Jehová y su profeta. Como parábola, el libro llama la atención a la gracia de Dios y la insensatez de Jonás. La insensatez del profeta alienta a los lectores piadosos a evitar el ejemplo negativo de Jonás y a ser un mensajero de la misericordia y juicio de Dios a las naciones.
El libro no especifica quién lo escribió. Pero la tradición de que Jonás lo escribió como un informe de su necio comportamiento y su declaración final de aceptar la voluntad divina es una posibilidad.
El profeta Jonás vivió en el siglo VIII a.C., pero sabemos poco de él aparte de este libro. Se le menciona solamente en otro pasaje del AT aparte del libro que lleva su nombre. Segundo de Reyes 14.25 anuncia el cumplimiento de una profecía del Dios viviente que vino a través de «Jonás hijo de Amitai, profeta que fue de Gat-hefer». Este pasaje ubica el ministerio de Jonás en el reino del noreste de Israel durante el reinado del Rey Jeroboam II (792-753 a.C.). El texto sugiere que, a través del ministerio de Jonás, Jehová alentó Israel y dio a la nación un período de prosperidad bajo Jeroboam. Sin embargo, sabemos también que durante este período de expansión política, geográfica y económica Israel olvidó sus problemas pasados, no se volvió a Jehová y no se preocupó por el aumento del poder de Asiria. Claramente, el pasaje histórico presenta a Jonás en una manera positiva. El libro de Jonás, sin embargo, presenta al profeta negativamente realzando su desobediencia a Jehová, guiando al lector a rechazar las actitudes y acciones de Jonás.
El profeta Jonás provenía de Gat-hefer, un pueblo en el territorio de Zabulón (Jos 19.10, 13; 2 R 14.25), a muchas millas al noreste de Nazaret. Nada se sabe de su padre Amitai. El nombre de Jonás significa «paloma». Asociamos a la paloma con paz y pureza; sin embargo, este sentido positivo no es la única posible asociación. Una «paloma» podría ser también un símbolo de insensatez (Os 7.11), una descripción que tristemente se aplica a este tragicómico profeta.

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