mar

21

jun

2011

PRIMERA DE CORINTIOS

LA IGLESIA DE CORINTO ERA UNA IGLESIA QUE TENÍA GRAVES problemas. Contaminada con la inmoralidad sexual, dividida por facciones que se llevaban a juicio en los tribunales, y traumatizada por el abuso de los dones espirituales, esta iglesia necesitaba someterse a una cirugía espiritual radical. Aunque eran creyentes verdaderos, los corintios tenían que crecer mucho. Tenían que dejar de seguir la inmoralidad, el egoísmo y la vía contenciosa de sus vecinos paganos en Corinto, la ciudad notoriamente inmoral de la época. Se puede sentir la desilusión de un padre herido en las severas palabras de Pablo a los corintios. Sin embargo, como un cirujano, Pablo diagnosticó el problema y dirigió sus esfuerzos a la fuente misma: la soberbia y la falta de verdadero amor en la iglesia.
Primera de Corintios es una respuesta a dos cartas. Pablo dejó la iglesia de Corinto bajo el liderazgo de Aquila y Priscila en la primavera del año 53 d.C. a fin de proseguir su segundo viaje misionero. Durante su tercer viaje, mientras estaba en Éfeso, recibió dos cartas de creyentes corintios. Una era un informe perturbador de la casa de Cloé (1.11). La carta detallaba las divisiones y la inmoralidad en la iglesia. Estos problemas surgieron debido a que la joven iglesia corintia no se protegió de la decadente cultura de la ciudad. La inmadurez de los corintios dio espacio para las divisiones sectarias. Los creyentes se definían como seguidores de un líder cristiano específico y no como seguidores de Cristo (3.1-9). Además, se llevaban a los tribunales (6.1). El deseo de presentar demanda contra otro en vez de resolver las disputas en el ámbito de la iglesia, delataba su inmadurez y desplazaba la confianza hacia la sabiduría humana. La inmoralidad sexual se convirtió en un problema para la iglesia a pesar de una carta anterior (que no se preservó) en que Pablo les advertía al respecto (5.9-11).
La segunda carta que Pablo recibió era un conjunto de preguntas que Estéfanas, Fortunato y Acaico trajeron desde Corinto (16.15-18). Las detalladas preguntas eran respecto al matrimonio y la soltería (7.1-40) y a la libertad cristiana (8.1-11.1).
Pablo escribió 1 Corintios para responder ambas cartas y dar algunas instrucciones adicionales. Les enseña sobre el decoro en los cultos de adoración (11.2–16); la solemnidad de la Cena del Señor (11.17–34), y el lugar de los dones espirituales. Aunque eran muy dotados, en su inmadurez los corintios abusaban de sus dones. Pablo recuerda a los corintios que los dones vienen de Dios (12.11) y son para unificar y edificar la iglesia (12.24, 25; 14.1–4). En conclusión, Pablo rectifica un error doctrinal y escribe la explicación más detallada de la resurrección de Cristo y de los cristianos (15.1–58). Aun cuando la iglesia está plagada de problemas, Pablo finaliza su polémica carta con una nota de esperanza. Los corintios podían tener la victoria sobre el pecado y la muerte, porque en su muerte y resurrección, Jesús ya la obtuvo en forma decisiva (15.57).
Corinto era una importante ciudad de la antigua Grecia. Geográficamente era un centro ideal para el comercio entre Italia y Asia. Junto con el flujo de mercancías, Corinto recibía viajeros del oriente y del occidente, y creaba la diversidad étnica entre los habitantes de la ciudad. Aunque fue saqueada por los romanos el año 146 a.C., fue reedificada por Julio César el año 46 a.C. El control sobre Corinto permitía a los romanos dominar el comercio este oeste y los juegos ístmicos (9.24-27), que sólo eran superados en importancia por los célebres juegos olímpicos.
El éxito comercial de Corinto sólo tenía por rival a su decadencia. La inmoralidad de corinto era tan famosa que Aristófanes acuñó la palabra griega korintiazomai (que significa «actuar como un corintio») como sinónimo de la inmoralidad sexual. Los dramas griegos de la época solían representar a los corintios como borrachos o depravados. Los corintios atraían la atención a su lascivia mediante el culto de Afrodita, la diosa del amor y la belleza. Pero Corinto era también una localización estratégica para la propagación del evangelio. La naturaleza corrupta de la ciudad era una oportunidad única para exhibir ante el mundo romano el poder transformador de Jesucristo.
Hechos 18.1-18 narra la fundación de la iglesia en Corinto. Pablo visitó la ciudad en su segundo viaje misionero, después de salir de Atenas. Esta visita inicial probablemente ocurrió en el otoño del año 52 d.C. Pablo, Silas, Timoteo y Lucas salieron de Troas hacia Macedonia unos ocho meses antes e iniciaron iglesias en Filipos, Tesalónica y Berea. Lucas permaneció en Filipos, y Silas y Timoteo en Tesalónica, mientras Pablo viajaba a Atenas. El ministerio de Pablo en Atenas fue desalentador, quizás lo desilusionó para su entrada en Corinto, donde hacía tiendas durante la semana y predicaba en la sinagoga los días de reposo. Después que los judíos de Corinto rechazaron el mensaje de Pablo, comenzó a predicarle a los gentiles. Realizó su ministerio en Corinto durante dieciocho meses, y finalmente, se estableció una iglesia. Esta iglesia, como la ciudad, tenía la misma mezcla de nacionalidades. Aunque había algunos judíos convertidos, la mayoría de los creyentes eran gentiles (12.2).
Al mismo tiempo que la iglesia de Corinto reflejaba el carácter multinacional de la ciudad, reflejaba también algo de la inmoralidad de Corinto. El tono punzante de 1 Corintios viene como resultado del deseo urgente de Pablo de hacer volver a la iglesia al buen camino.
Primera de Corintios menciona dos veces a Pablo como el autor (1.1, 2; 16.21). La erudición bíblica acepta casi unánimemente la autoría de Pablo de 1 Corintios. Uno de los testigos más antiguos acerca de la autoría paulina era Clemente de Roma (ca. 95 d.C.).
Es muy probable que Pablo haya escrito la epístola mientras ministraba en Éfeso durante su tercer viaje misionero. En 16.8, Pablo dice que permanecerá en Éfeso hasta Pentecostés. Esto, unido con Hechos 20.31, indica que él escribió el último año de los tres años que permaneció en Éfeso, en algún momento de la primavera del año 56 d.C. Por ese tiempo la iglesia de Corinto tendría unos cuatro años de existencia.

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