mar

21

jun

2011

PRIMERA DE TIMOTEO

AVECES LA PARTE MÁS DIFÍCIL DE LA TAREA DE UN MAESTRO ES DEJAR ir al alumno, que se gradúe y se abra camino en el mundo. Se puede palpar este tipo de ansiedad en la primera carta de Pablo a Timoteo. Afectuosamente llama a Timoteo «verdadero hijo» (1.2), encargándole repetidas veces que permanezca fiel a lo que le enseñó (1.18; 5.12-16, 21; 6.11-13). La carta concluye con un clamor proveniente del corazón: «Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado» (6.20). Timoteo acompañó a Pablo durante años (Hch 16.1-3; 17.10; 20.4) como ayudante y actuó como enlace con una gran cantidad de iglesias. Pablo no sólo enseñó a Timoteo la esencia de la fe cristiana, sino también le sirvió como modelo de lo que debe ser el liderazgo cristiano. Ahora Pablo deja a Timoteo a cargo de la iglesia en Éfeso. Desde Macedonia, Pablo escribe para estimular a su hijo en la fe. En efecto, esta carta es la comisión de Timoteo, las órdenes de su preocupado maestro, el apóstol Pablo.
El propósito central de 1 Timoteo se halla en 3.15: «Te escribo … para que sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad». La Iglesia es el principal vehículo de Dios para el cumplimiento de su obra en la tierra (Mt 16.18–20). El Señor ha ordenado que los hombres y mujeres que confían en Él se comprometan en la tarea de hacer su voluntad en asambleas locales alrededor del mundo (1 Ts 1.1; He 10.24, 25).
Pablo escribe 1 Timoteo para instruir a su joven protegido sobre el funcionamiento de la iglesia y cómo deben interactuar las personas maduras en ella (6.11–16). Da instrucciones específicas sobre el desarrollo y el reconocimiento de un liderazgo piadoso y cómo evitar la falsa doctrina en la iglesia (3.1–13; 4.1–6). Pablo insiste en que se debe esperar madurez cristiana en un líder, mientras se desarrolla en la vida de todos los creyentes (4.6–10). Ofrece a Timoteo una lista completa de consejos extremadamente prácticos sobre cómo dirigir la iglesia. Cuando enfrentaba problemas y penurias en el ministerio en una iglesia local, Timoteo debió de leer repetidas veces la carta de Pablo por las valiosas ideas que le aportaba (4.15).
Timoteo era originario de Listra en Frigia (Hch 16.1-3). Su padre era griego y su madre Eunice y su abuela Loida eran judías piadosas (2 Ti 1.5; 3.14, 15). Por la influencia de estas mujeres fue que Timoteo aprendió las escrituras hebreas cuando era niño. Pablo llama a Timoteo «verdadero hijo en la fe» (1.2) sugiriendo que se convirtió durante la primera visita misionera de Pablo a Listra (Hch 14.6, 19).
Al principio de su segundo viaje misionero, Pablo escogió a Timoteo para que le acompañara a él y a Silas (Hch 16.3). Puesto que iban a predicar a los judíos, Pablo hizo circuncidar a Timoteo (Hch 16.3), y evidentemente, el liderazgo de la iglesia impuso las manos sobre Timoteo (4.14; 2 Ti 1.6). Viajó con Pablo y Silas ayudándoles en la evangelización de Filipos y Tesalónica. Al parecer Timoteo se quedó en Tesalónica (Hch 17.10) y luego se unió a Pablo y Silas en Berea. En Corinto, Pablo usa a Timoteo como enlace entre él y la iglesia en Tesalónica. Más tarde vuelve a usar a Timoteo como enlace, esta vez con la iglesia en Corinto, para enseñar a los creyentes allí (1 Co 4.17; 16.10). Los Hechos no registran viajes de Timoteo en este período. Reaparece en Éfeso (Hch 19.22), donde Pablo comisiona a Timoteo y a Erasto para preparar a las iglesias en Macedonia para su visita. Timoteo se quedó en Macedonia y acompañó a Pablo a Corinto, desde donde se presume que Pablo escribió su carta a los romanos (Ro 16.21).
Después Timoteo con otras seis personas sirvieron de punta de lanza para el viaje de Pablo a Troas (Hch 20.4, 5). Más tarde conforta a Pablo en Roma durante su primer aprisionamiento (60-62 d.C.), y envía saludos a los de Colosas (Col 1.1), a Filemón (Flm 1), y a los filipenses (Fil 1.1). Durante el encarcelamiento de Pablo, Timoteo viajó a Filipos para animar a los creyentes y luego regresar con un informe a Pablo en Roma (Fil 2.19). Después de la liberación de Pablo, Timoteo le acompañó a Éfeso. Se quedó allí para confrontar a los falsos maestros que se habían infiltrado en la iglesia, y Pablo siguió hacia Macedonia, desde donde escribió la primera Epístola a Timoteo (1.3). Le escribió la segunda carta desde la prisión (2 Ti 1.8), implorándole a Timoteo que viniera pronto. Probablemente esta fue la última carta de Pablo, porque murió poco después. Si Timoteo fue pronto, pudo estar con él como verdadero hijo en los días finales, antes de su ejecución (2 Ti 4.11, 21).
La epístola nombra a Pablo como su autor, y las alusiones del autor a su vida en 1.12, 13 son coherentes con lo que se sabe de él. Los padres de la iglesia, Clemente de Roma y Policarpo aceptaron la carta como paulina, al igual que Ireneo, Tertuliano y Clemente de Alejandría.
A principios del siglo diecinueve, algunos estudiosos comenzaron a cuestionar la autoría paulina de las epístolas pastorales (1 y 2 Timoteo y Tito). Los críticos afirmaban que estas epístolas eran «fraudes piadosos» escritos durante el siglo segundo. Presentaron cuatro ataques diferentes contra la integridad y autenticidad de estas cartas. Primero está el problema histórico. Puesto que las referencias en estas epístolas no corresponden con el libro de los Hechos, los críticos suponen que las cartas fueron escritas mucho después por un impostor. Sin embargo, las cartas pudieron escribirse poco después de los hechos que se describen en Hechos. Muchos críticos sostienen que Pablo fue puesto en libertad del encarcelamiento que se describe en Hechos 28, y luego viajó durante varios años por Asia Menor y Macedonia. Durante ese tiempo escribió las cartas en cuestión. Finalmente fue apresado nuevamente en Roma y murió en una persecución por Nerón.
Segundo, hay críticos que pretenden que las epístolas pastorales no corresponden al estilo de Pablo. Estas cartas contienen una cantidad de palabras que aparecen sólo aquí en el NT, pero son comunes en los escritos del siglo segundo. La debilidad de este argumento es que hay una cantidad limitada de literatura del siglo segundo de las cuales obtener esa dogmática conclusión.
El tercer punto se relaciona con la forma del liderazgo descrito en las epístolas pastorales. La estructura de la autoridad, que incluye ancianos y diáconos, parece reflejar una iglesia más desarrollada, de mediados del segundo siglo. Sin embargo, es claro, por Filipenses 1.1, que los oficios de anciano y diácono ya estaban en funciones durante el ministerio de Pablo.
El cuarto argumento es teológico. Los críticos pretenden que la herejía que se combate en las epístolas pastorales es el gnosticismo plenamente desarrollado del siglo segundo. Aunque es verdad que el verdadero gnosticismo no se desarrolla completamente hasta el siglo segundo, también es cierto que la herejía comenzó y evolucionó lentamente antes de convertirse en un sistema teológico completamente desarrollado. Pablo enfrenta enseñanzas falsas similares en Colosas (Col 1.9–15). La herejía en 1 Timoteo parece ser una forma prematura de la enseñanza gnóstica combinada con elementos del judaísmo (1.7), del pensamiento persa y del cristianismo.
En consecuencia, no hay razón para concluir que 1 y 2 Timoteo no sean auténticas epístolas paulinas. La primera epístola a Timoteo posiblemente fue escrita poco después de la liberación de Pablo de su primer encarcelamiento en Roma. Esto significa que el libro fue compuesto en Macedonia hacia el año 62 d.C.

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